1MAYO INTERSECCIONAL Y DE CLASE 2024

 NUESTRO MUNDO FRENTE A SU SISTEMA

                                           MANIFIESTO

La clase obrera es y ha sido siempre diversa. Sin embargo, cuando se habla de la clase obrera nos viene a la cabeza el ideal de un imaginario muy concreto, centrado en la blanquitud, la masculinidad y el trabajo físico, que nos vende una épica belicista y uniforme de la lucha contra la explotación. Esta imagen de “El Obrero” responde a los intereses de sectores reaccionarios, que buscan ocultar la realidad que vivimos: no solo la realidad contra la que luchamos sino también la fuerza y potencia de nuestro mundo, uno en el que caben muchos mundos.

Formar parte de la clase obrera es mucho más que trabajar. Es una posición dentro del sistema, que va más allá del trabajo que llaman “productivo”. Somos y hemos sido siempre las desposeídas en un sistema capitalista, las racializadas en un sistema racista, las mujeres y disidentes de un sistema cisheteropatriarcal, las desplazadas y expulsadas de un sistema imperialista, extractivista y colonial, las raras e insumisas de una normatividad imposible. Somos los pueblos originarios de Abya Yala, expoliados de sus recursos naturales y expulsados de sus territorios ancestrales a la ciudad, para la explotación laboral como mano de obra barata en el eje de la maquinaria capitalista neoliberal. A la clase obrera nos une la desposesión, no somos propietarias más que de nuestra fuerza de trabajo. Pero no somos un monolito: somos vida(s) con contextos y condiciones materiales diversas, llegadas de muchos territorios, con nuestros saberes y formas de lucha a cuestas.  

No hay una sola forma de ser clase obrera, no existe la “pobre buena”, hay que romper con el imaginario de la pobreza en el que la mayoría de nosotras no cabemos. No queremos vivir en un sistema cuyas mayores promesas son una jornada a tiempo completo y una hipoteca. No somos jóvenes precaries, nuestra pobreza y la explotación capitalista no es transitoria, es sistemática y sabemos que ¡No va a cambiar por arte de magia! En un sistema que nos quiere sumisas y despolitizadas, hay que autoorganizarnos, seguir tejiendo estrategias de autodefensa y construir nuestro mundo.

Somos clase obrera, pero no todas sufrimos las mismas violencias.

SOMOS:

Somos migrantes que nos enfrentamos a un constante racismo institucional. Se nos niegan los derechos más básicos a través de la irregularidad administrativa: se limita el acceso al empleo y a los servicios básicos para el cuidado de la salud física y mental. Hay que plantearnos el antirracismo como práctica y como horizonte político. 

Somos los pueblos originarios de Abya Yala, expoliados de sus recursos naturales y expulsados de sus territorios ancestrales a la ciudad, para la explotación laboral como mano de obra barata en el eje de la maquinaria capitalista neoliberal. 

Somos personas cuir de clase obrera. Nos enfrentamos día a día a discriminaciones que afectan a nuestras condiciones materiales, vivimos una falta de acceso al empleo, sobre todo las personas trans, que nos impide la subsistencia en la mayoría de los casos. Reconocemos que algunas leyes son positivas para reformar esta situación, sin embargo, son insuficientes y muchas quedamos fuera: las no binarias o las cuir migrantas en situación administrativa irregular.

También somos las discas; exigimos autonomía y una vida digna. Exigimos condiciones de trabajo dignas y un control riguroso de estas para evitar la explotación. 

Somos supervivientes de la psiquiatría y denunciamos la represión y el control social que produce el sistema psiquiátrico a través de la sobre medicalización de psicofármacos, que afecta especialmente a las mujeres trabajadoras; mediante la violación de la independencia y autonomía corporal de todas aquellas personas etiquetadas como locas; mediante la infantilización y la violación de los derechos de las obreras neurodivergentes y la medicalización de los malestares que produce el sistema capitalista y que no pueden solucionarse con medicación o terapia, sino con organización en las calles.

Somos trabajadoras sexuales, que nos enfrentamos a la violencia, a la estigmatización, a la persecución, la represión y la negación de nuestros derechos y de las herramientas y apoyos sociales y económicos básicos para salvaguardar y proteger nuestras vidas. Trabajo sexual ES TRABAJO.

Somos las trabajadoras del hogar y de los cuidados, las internas, las kellys, las trabajadoras de ayuda a domicilio, a quienes no se nos reconocen las enfermedades profesionales que nos rompen el cuerpo. Pero el sistema sanitario nos violenta a todas. Expulsa a las personas sin papeles, dificulta el acceso a quienes no nos manejamos con el idioma español, tiene prejuicios raciales y antigitanos, controla el acceso a la salud sexual y reproductiva de las mujeres y las personas disidentes. Las mujeres cis, los hombres trans y muchas personas no binarias, especialmente las migrantes, vemos obstaculizado nuestro derecho al aborto, sufrimos violencia obstétrica. Las mujeres trans y otras personas no binarias padecemos interminables listas de espera y un desconocimiento de los protocolos que nos impiden congelar gametos antes del tratamiento hormonal, lo que produce infertilidad con el tiempo. Estas violencias, además, se agravan en un contexto de desmantelamiento y privatización de los servicios de la Sanidad Pública en busca de beneficio económico.

A día de hoy, quienes tenemos empleo remunerado, nos enfrentamos a horarios extenuantes, ritmos de trabajo imposibles, precarización y falta de conciliación laboral y familiar, a cambio de salarios y pensiones que ni tan siquiera nos permiten cubrir las necesidades más básicas. No poder llegar a fin de mes afecta a nuestra salud mental y física. 

Sabemos que el capitalismo no es reformable, pero también sabemos que como clase obrera tenemos derecho a la autodefensa. Que nuestro mundo es en el que desde la autoorganización construimos mecanismos de lucha independientes, estrategias que nos permitan seguir el camino hacia nuestro objetivo.  No queremos proyectos políticos reformistas, ni procesos de burocratización que nos alejen de nuestro hacer desde abajo, de la defensa de nuestro mundo frente a su sistema. 

Mientras construimos ese mundo día a día, la clase obrera también tenemos que sobrevivir en este sistema. Por ello, hoy 1 de mayo, luchamos organizadas por defender derechos de los que dependen las vidas de millones de personas.

· Nos organizamos por la regularización de medio millón de personas que vivimos y trabajamos en este país sin contratos laborales y sin derecho a la seguridad social. 

· Y, una vez obtenida la regularización de todas las personas en situación irregular, exigimos la jornada completa de 30 horas, sin reducciones de sueldo, que nos permita ya no sólo conciliar, sino disfrutar de nuestras vidas sin que sean explotadas por el capital.

· Nos organizamos por una educación pública, universal, dignificada y de calidad. Una educación disidente, capaz de cuestionar los relatos colonialistas, capacitistas, racistas, antigitanistas, gordofóbicos, especistas, cisheteropatriarcales y clasistas. Por los derechos de todas las trabajadoras de la educación, docentes y no docentes, invisibilizadas y precarizadas, con cargas de trabajo imposibles. Por la vuelta a las 23 horas lectivas en educación primaria y 18 en secundaria, por la gratuidad de la educación de 0 a 3 años. Porque una educación capaz de atender la diversidad es el derecho de todes.

· Nos organizamos para defender una sanidad pública de calidad y universal y accesible. Por la inversión en investigación para mejorar nuestra calidad de vida. Por el fin de la precarización de las trabajadoras de la sanidad y de las guardias de 24 horas, que ponen en peligro la salud de pacientes y profesionales sanitarias. Por el fin de la externalización y desmantelamiento de nuestra sanidad. Nuestra salud no es un negocio.

· Nos organizamos por el derecho a una vivienda asequible, por el fin de la especulación en venta y alquiler de los grandes tenedores. Luchamos contra   la gentrificación de los barrios obreros, contra los alquileres turísticos que nos expulsan de nuestros barrios por el beneficio económico de unos pocos.

· Nos organizamos por la municipalización y remunicipalización de los servicios sociales privatizados y externalizados, con gestión directa de las vecinas de los barrios.

· Nos organizamos por el fin de toda forma de acoso laboral, de discriminación y de opresión en los entornos laborales.

· Nos organizamos por la regulación horaria de las trabajadoras por cuenta propia y el fin de la autoexplotación normalizada. Por condiciones justas para quienes trabajamos por cuenta propia, es decir, de las autónomas. 

DENUNCIAMOS:

Denunciamos las violencias que provoca el sistema colonialista y capitalista tanto en lo local como en lo global. Denunciamos: 

· La avaricia del sistema imperialista, que lleva a la sobreexplotación de la naturaleza, al maltrato sistematizado de animales, al derroche de vidas humanas, al colapso. Vivimos una crisis hipersocial. Millones de personas nos vemos obligadas a migrar desde los sures, expulsadas de nuestros  hogares mediante violencia económica, represión social y política, desastres naturales, y violencia extractivista y de saqueo de los recursos naturales. Esta crisis ecosocial se responde desde las elites del norte global con necropolíticas en la frontera, leyes inhumanas de extranjería, como el Pacto de Migración y Asilo de la Unión Europea, que aumentará de manera exponencial el sufrimiento y la inseguridad de las personas migrantes. 

· Las guerras imperialistas y geoestratégicas buscan externalizar el sufrimiento, apaciguar a la clase obrera de los países del norte global y expoliar los recursos de los territorios. La clase obrera que reside en estas áreas, la clase obrera palestina o congoleña no solo está  en  riesgo  de expulsión y precarización creciente, sino en peligro de muerte.  

· Actualmente, el mundo se ve inmerso en un proceso de militarización, un negocio que deja mucho dinero y que justifica el desvío de fondos públicos a campañas armamentísticas. Los muertos los ponemos nosotras, los beneficios se los llevan ellos. Nos oponemos a la militarización, al guerrismo, a los conflictos entre élites y, sobre todo, a la colonización y genocidio en curso en Palestina. De este último, son culpables el Estado de Israel y todos los gobiernos occidentales que lo apoyan mediante campañas armamentísticas, como es  el caso del gobierno del Estado Español. 

Rechazamos radicalmente cualquier forma de represión contra la clase obrera y los líderes de los pueblos originarios, incluyendo a la Policía y al resto de fuerzas represivas que los Estado instrumentalizan para defender los intereses de las clases privilegiadas. Rechazamos la violencia policial en contra de los cuerpos racializados y migrantes en todos nuestros barrios. 

La policía es ejecutora de un sistema judicial que hace todo lo posible por impedir la autoorganización obrera y reprime la lucha sindical. Casos como el de las Seis de La Suiza no son aislados, se comprenden en un contexto de endurecimiento de la represión sindical acelerado a partir de la Ley Mordaza. Nosotras, a pesar de la represión, seguimos aquí, juntas y organizadas, defendiéndonos unas a las otras.

Desde el 1 de mayo interseccional, afirmamos, repetimos, gritamos que: la lucha es el único camino. Es la única vía de emancipación real para la clase obrera; que incluya equidad, bienestar y calidad de vida para todes. Queremos derrocar al capitalismo a través de la autoorganización, de formas de militancia que comprendan la solidaridad, el apoyo mutuo, la desobediencia, la conciencia social y de clase y las alianzas globales y locales como herramientas imprescindibles.

Porque: ¡no queremos vivir en un sistema, queremos vivir en un mundo! Un mundo nuevo, sin capitalistas, sin jefes, sin caseros, sin genocidas, sin opresión. Un mundo que ya vamos construyendo poco a poco y desde abajo. 

Para este mundo nuestro, sumamos esfuerzos, construimos un sindicalismo feminista, interseccional, anticolonial, antiracista, patriarcal que comprende y respeta toda diversidad y todas las problemáticas que sufre la clase obrera. Un sindicalismo de base que afronta el conflicto, que resquebraja la paz social burguesa y que pone en el centro la vida de la clase obrera. 

Nuestro mundo es un mundo posible frente a un sistema capitalista y colonial condenado al colapso y que nos condena con él. Nuestro mundo, en el que cabemos todas, es la única alternativa. 

Organicemos nuestro mundo frente a su sistema.



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